El verano es típicamente el momento en el que cogemos vacaciones, momento en el que aparcamos las responsabilidades profesionales, pasamos momentos de calidad con nuestros seres queridos, disfrutamos del tiempo al aire libre y las actividades e incluso desconectamos del móvil, las redes y las noticias. Sin embargo, este verano hemos vivido un verano totalmente atípico, sumergidos entre la necesidad de descansar y desconectar y  el continuo flujo de información sobre la pandemia en nuestro país y en el mundo.

Volver de este verano atípico y afrontar la incorporación al trabajo y el comienzo de las clases de los niños y niñas puede despertarnos ansiedad, miedos y preocupaciones que nos generen un malestar importante o nos impidan afrontar nuestra rutina con serenidad. Si te identificas con lo que estás leyendo, los siguientes 5 ejercicios te pueden ayudar a afrontar mejor la vuelta.

  1. Observa, comprende y expresa cómo te sientes

¿Qué emoción predomina a tu vuelta? ¿Cómo se siente en el cuerpo? ¿Qué pensamientos genera esa emoción? Sea cual sea esa emoción (miedo, angustia, tristeza, frustración,…) debes conocer que es una reacción normal ante una situación estresante. ¿Puedes hablarlo con alguien? Si la respuesta es sí, escoge un momento para compartir cómo te sientes y qué piensas. Si la respuesta es no, puedes escribirlo en un papel o en una nota en el móvil o en el ordenador.

  1. Respira y “pon los pies sobre el suelo

Cuando nos sentimos mal, algunas sensaciones aparecen en nuestro cuerpo y un montón de pensamientos llegan a nuestra mente; todo ello puede hacernos sentir aún peor. Cuando te encuentres así, inicia unas respiraciones profundas: toma aire por la nariz –llevando el aire al abdomen- y suéltalo por la boca lentamente. Repite esto durante 1-2 minutos. Después, para un segundo para “poner los pies sobre el suelo”, es decir, observa 3 elementos que veas en el lugar en el que estás, identifica 3 olores, toca 3 objetos, escucha 3 sonidos diferentes y, si tienes a mano algo que saborear, tómalo. Repite estos ejercicios tantas veces como necesites a lo largo del día y de los días, ¡la práctica es nuestra mejor aliada para aprender a regularnos emocionalmente!

  1. Se amable contigo/a mismo/a

Si un ser querido te contara cómo se siente y lo mal que lo está pasando, ¿qué le dirías? Es probable que trates de entenderle, calmarle, de hacerle ver las cosas en perspectiva, de empatizar con su malestar, de ofrecerle tu ayuda y muchas cosas más. Ser amables con los demás puede ayudarnos a ser amables con nosotros mismos y hacer justo esto cuando nos encontramos mal. Podemos decirnos “Entiendo que me sienta mal”, “Comprendo que tenga miedo”, “Otras veces he sentido esto y he podido seguir”, “Si necesito ayuda, puedo pedirla”, “Todo esto pasará”, “Voy a ir enfrentándome poco a poco”, etcétera.

  1. Identifica y anota tus pensamientos

Nuestra mente es una máquina de hacer pensamientos, sin embargo, unos nos ayudan más que otros. ¿Qué pensamientos te ayudan? Identifica 3 pensamientos que son de utilidad para ti. Escríbelos y acude a ellos cada vez que lo necesites. Ahora bien, ¿qué pasa con los pensamientos que no nos ayudan tanto? Prueba a escribirlos también, pero en esta ocasión toma distancia de ellos; obsérvalos desde lejos, obsérvalos cuando te encuentres bien, verás que simplemente son pensamientos, no son verdades absolutas.

  1. Actívate

Haz una lista de actividades que sabes que te hacen sentirte bien y una lista de actividades que generan o mantienen el malestar. Normalmente, cuando nos encontramos mal es frecuente darnos cuenta de que estamos inmersos en actividades que generan o mantienen el malestar. Si es tu caso, trabaja para invertir el patrón. Prográmate diariamente actividades o momentos que te hagan sentirte bien.

 

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